EN AGRADECIMIENTO A TANTAS PERSONAS QUE INDIVIDUAL O A TRAVES DE EMPRESAS NO HAN DUDADO EN SACRIFICARSE Y DAR LO MEJOR DE SI MISMAS EN FAVOR DE AQUELLOS A QUIEN LA SUERTE LES VOLVIO LA ESPALDA.

Querido Masauko,
hoy cuando están a punto de cumplirse dos años desde que fuiste fotografiado aquel marzo del 2002 y lanzado casi a la fama quiero contarte cómo llegaste a Chezi y cómo ha sido este tiempo para ti en nuestra misión. Quizás algún día puedas contemplar esa foto junto con muchas otras y entiendas lo que pudo ser tu vida y en lo que se ha convertido. Sólo quiero expresar contigo y a través de ti todo mi agradecimiento a la gente que te ha ayudado a caminar, que ha estado contigo, como lo sigue estando con tantos niños que aún continúan necesitando de una mano que les brinde apoyo.
Viendo esa foto te recuerdo llegando en brazos de tu abuela, Nasaluma. Ella era quien te cuidaba o al menos lo intentaba y se acercaba desde vuestro poblado, Mdola, a recoger la comida que desde el centro le dábamos. Esa pobre mujer había sacado adelante toda una familia y había enterrado a muchos de sus hijos e hijas, entre ellos a tu madre, Joice, a la que no podrás recordar porque se murió cuando aún eras un bebé.
Dura era tu vida en el poblado y más lo fue a raíz de que tu abuela se rompiera el brazo. Eras piel y poco más, pero ese conjunto de huesos seguía adelante porque desde Chezi recibías leche y papilla, un milagro que se hacía realidad gracias a Un Kilo de Ayuda y al dinero que recibíamos de IUVE. Para ti todo esto resulta extraño, palabras sin sentido y sin embargo todas ellas han dado un giro a tu vida y han hecho posible que te convirtieras en lo que ahora eres: un diablillo de cuatro años.
De veras que tu abuela lo intentaba, a pesar de ese brazo partido, a pesar de que cada vez le costaba más llevarte en brazos, a pesar de insistir en quererte con ella. Pero, Masa, en el poblado aún quedaban tus cinco hermanos, los que vivían repartidos entre los familiares y a tu abuela también le había tocado tu hermana Matrida, esa pequeña con tus mismos rasgos y tres años mayor que tú.
Y tu padre, te preguntarás. Verás, cuando tu madre murió él se fue a su pueblo y se llevó a dos de tus hermanos. No tardaron en caer en la malnutrición y entonces él los trajo de vuelta al poblado porque a fin de cuentas en tu tribu, los chewa, los hijos del matrimonio en ausencia de la madre pertenecen al hermano mayor de ésta y tu tío, Tuculani, vivía en Mdola como tu abuela y todos los tuyos.
A finales del 2001 tu anciana abuela era incapaz de llevarte, de tenerte. Recuerdo que llamamos al jefe del poblado, a tu tío y entre todos decidimos que lo mejor era traerte a la misión, que enviarían a alguien para que te cuidara y que Matrida seguiría con tu abuela y con la ayuda desde el centro.
Y así fue, viniste a Chezi, pasaste a formar parte de nuestra familia, ya eras uno más entre los más de cien niños que vivía en la misión. Y contigo vino Naseni esa joven dedicada a cuidarte día y noche. Ella fue tu ángel, quien se preocupaba de tus comidas, de tu higiene, la que soportó tus lloros y tus enfermedades. Luego ella se fue, ya no la necesitabas y alguien en la capital buscaba una buena chica para cuidar otros niños y ella se marchó con una de las familias más conocidas del país a quien las ocupaciones políticas les impedían cuidar de sus propios hijos.
Verte comer era todo un espectáculo. Sin levantar la vista del plato lo defendías contra todo aquel que supusiera una amenaza para ti, aunque fuera una sombra. Lo devorabas todo, lo cogías todo, nada se desperdiciaba, comer se convertía en un rito para ti, un tiempo de éxtasis sólo para tu disfrute. Nadie tenía derecho a interrumpir ese deleite. Fue en uno de esos momentos, un 4 de marzo, cuando Emilio Morenatti te tomó la fotografía. Estoy segura que ni te diste cuenta porque para ti el tiempo se había detenido en un plato amarillo y los segundos eran una excusa para llevar con tu mano la comida a la boca.
¿Qué dirás cuando ya mayor la veas? Seguro que no recordarás nada pero sí entenderás que en tu vida se obró un milagro, que gracias a la aportación anónima de miles de personas tú y tus amigos habéis tenido otra oportunidad, la suerte no os abandonó.
No quiero dejar de contarte la historia de tu abuela. Se quedó con Matrida en el pueblo. Cuando se produjo la hambruna del 2002 ella acudía no sólo a recoger la comida de tu hermana sino también la que distribuimos entre la gente mayor. Y todo llegaba del mismo sitio, ese dinero que desde IUVE nos enviaban se estiraba en forma de harina de maíz y evitó que mucha gente, niños y mayores, se murieran en uno de los momentos más duros y trágicos de la historia de Malawi. Tu abuela Nasaluma resistió la dura envestida del hambre pero no sobrevivió después a los años y las enfermedades que la fueron minando. También ella se fue y probablemente ni la recuerdes pero ella fue el primer ángel que se cruzó en tu camino.
En diciembre del 2003 te fuiste por primera vez de vacaciones a Mdola. Tu tío te vino a recoger para llevarte sólo una semana y tú te fuiste con él como si lo hubieses esperado desde siempre. Te fuiste cargado de comida, de esa comida que ha sido tu salvación, una comida con una historia tras de sí de tarjetas y compras en grandes superficies comerciales.. pero todo eso te lo explicaré cuando seas mayor y sepas entender y valorar el sacrificio hecho por otros para ti y tus amigos.
Masauko quiero que seas agradecido, que recuerdes siempre tu historia y los vínculos que tiene con tanta gente sin nombre para ti pero con un corazón inmensamente grande donde has tenido cabida tú y la siguen teniendo otros niños que intentan sobrevivir a la miseria. Da gracias siempre porque el mundo esta lleno de historias de generosidad, de pequeños gestos que dan vida y alejan la sombra de la muerte. Y quiero que con todos tus amigos les recuerdes como vuestros ángeles, esos que sin verlos están con vosotros protegiéndoos y apoyándoos. Recuerda que sin su esfuerzo muchos de vosotros jamás podríais sonreír ni mirar cada día el amanecer de sol africano. Con el cariño que te tengo te ruego que siempre lleves a todos ellos en tu corazón.
Etiquetas: Relato
15 julio 2009 a las 6:28 pm |
Porque nuestra historia siempre debe estar presente
20 julio 2009 a las 10:10 pm |
Hermosa foto Mercedes: son los hijos que no engendramos pero a los que nos damos como si fueran el fruto de nuestra entrañas. Ellos dan sentido a nuestra opción.